Casi todos los consejos sobre cómo hacer una lista de equipaje para un viaje empiezan por una plantilla: cien cosas repartidas entre ropa, aseo y documentos, idéntica para una semana en Roma y otra en Islandia. Una plantilla sirve para recordar lo básico. Para todo lo demás sirve de poco, porque no sabe qué vas a hacer el jueves.
Cada cosa que metes en la maleta debería poder responder a una pregunta: ¿para qué día es? Las que no pueden son básicos o cosas que volverán a casa sin estrenar.
Cómo hacer una lista de equipaje para un viaje, día a día
Abre tu itinerario y léelo día por día, con una lista en blanco al lado. Para cada día, apunta solo lo que ese día pide y un día normal en casa no pediría. Una ruta por la costa pide calzado que agarre y algo contra el viento. Una catedral pide hombros cubiertos. Una cena larga en un sitio elegante pide un conjunto con el que no harías una excursión. Un día de trenes pide la batería cargada y algo para leer.
Después, y solo después, añade lo básico: ropa interior, cepillo de dientes, cargador, los medicamentos que tomas a diario. No necesitan motivo, porque los llevarías a cualquier parte. Hacerlo en este orden es lo que mantiene la lista corta. Si partes de una plantilla, recortas, y nunca recortas lo suficiente; si partes de los días, vas sumando, y casi nunca sumas de más.
Ponle un motivo a cada cosa
Junto a todo lo que no sea básico, escribe en pocas palabras por qué está ahí: «botas, la ruta por la cresta del día cuatro», «bañador, dos tardes de playa», «pañuelo, la mezquita del día dos». Es el hábito más útil para hacer la maleta, por tres razones.
- Delata lo que no tiene motivo. «Por si acaso» no es un día de tu plan. Si no puedes nombrar el día, es un quizá, y la mayoría de los quizás se quedan en casa.
- Delata los días que no tienen nada. Si el plan tiene una excursión y la lista no tiene calzado para ella, ves el hueco antes de salir y no a mitad de sendero.
- Aguanta los cambios. Si el paseo en barco pasa del martes al viernes, la lista no cambia; si desaparece del plan, sabes exactamente qué dos cosas sacar.
Cuenta por coladas, no por días
La duración del viaje decide cuántas unidades llevas de cada cosa, no cuántas cosas distintas. El error habitual es un conjunto por día, que funciona para cuatro días y es absurdo para doce. Una regla más sencilla: haz la maleta para una semana como mucho y cuenta con una colada. A partir de cinco o siete días, más ropa significa una maleta más pesada, no más comodidad.
- Camisetas y ropa interior: una por día hasta una semana, más o menos, y luego colada.
- Pantalones o faldas: dos o tres, dure lo que dure el viaje.
- Calzado: dos pares, uno puesto durante el trayecto. Un tercero solo si un día del plan lo pide de verdad, como unas botas para una excursión.
- Ropa arreglada: un conjunto por ocasión del plan, no uno por noche.
Si el alojamiento no tiene lavadora, un bote pequeño de detergente y un lavabo bastan para la ropa ligera de una semana.
El clima habitual no es una previsión
El tiempo decide los tejidos y las capas, pero importa qué tiempo miras. Semanas antes del viaje, lo único que puedes saber es cómo suele estar el sitio en esa época del año: una media de años anteriores, útil para decidir si hace falta abrigo o no. No dice nada de si tu martes concreto será lluvioso. Una previsión de verdad solo merece la pena la última semana, más o menos, antes de salir: vuelve a mirarla entonces y ajusta el impermeable y las capas, no la maleta entera.
Fíjate también en la distancia entre mínimas y máximas. Un día que empieza frío y acaba caluroso pide capas, no un abrigo más grueso. Y si el viaje pasa por zonas distintas, primero la costa y luego la montaña, mira cada una: la misma semana pueden ser dos maletas diferentes.
Separa lo que podrías comprar allí
Antes de cerrar la maleta, repasa la lista una vez más con otra pregunta: si se me olvidara, ¿podría reponerlo en una hora el primer día? Pasta de dientes, crema solar, un paraguas, unas chanclas baratas: casi en cualquier sitio, sí. Gafas graduadas, tus medicamentos, un cargador concreto, un documento: no, o no tan fácilmente.
El primer grupo se puede recortar sin miedo. El segundo merece una doble comprobación y un sitio en el equipaje de mano, junto con una muda, para que una maleta que llega con un día de retraso no te cueste el primer día. Los documentos en sí, los requisitos de entrada, los enchufes y las normas sobre medicamentos son otra tarea con sus propios plazos, ordenada en qué revisar antes de viajar al extranjero, y cuándo.
Ordena la lista según dónde va cada cosa
Las listas se suelen ordenar por uso: todo lo de la playa, todo lo de la excursión. Pero la maleta no se hace por uso. Ordena la lista por el sitio que ocupará cada cosa: ropa, equipo que llevas encima pero no te pones (una botella de agua, una linterna frontal, una mochila pequeña), aseo, tecnología y documentos. Así puedes comprobar la lista contra la maleta abierta, apartado por apartado, en lugar de buscar en ella «lo de la playa».
El motivo que escribiste junto a cada cosa mantiene el vínculo con el plan. El apartado solo tiene que decirte dónde mirar.
Un ejemplo: cinco días, una maleta
Cinco días en una ciudad de costa a finales de primavera. El primer día es la llegada y el casco antiguo. El segundo, museos. El tercero, una ruta por los acantilados a las afueras. El cuarto, una tarde de playa y una cena reservada en un buen restaurante. El quinto, un mercado por la mañana y el vuelo de vuelta.
- Ropa: cinco camisetas, cinco mudas, dos pantalones largos, unos cortos (día cuatro), calzado de montaña con buena suela (los acantilados, día tres) y unas zapatillas cómodas puestas en el avión, un chubasquero ligero (un camino de costa expuesto), una capa de abrigo (allí las noches de primavera suelen refrescar), un conjunto arreglado (la cena del día cuatro) y bañador (día cuatro).
- Equipo: una mochila pequeña y una botella de agua (no hay tiendas en el camino) y gafas de sol.
- Aseo: lo básico, crema solar (la playa y los acantilados) y la medicación personal.
- Tecnología: cargador del móvil, batería externa (el día tres pasas el día entero fuera) y adaptador si los enchufes no son como los tuyos.
- Documentos: DNI o pasaporte, tarjetas, confirmaciones de reserva y la del restaurante.
Unas veinticinco cosas, y más o menos la mitad lleva un motivo que podrías señalar en el plan. Fíjate en lo que no está: ni bastones, porque la ruta es corta, ni un segundo conjunto arreglado, ni un secador «por si acaso», ni un botiquín del tamaño de una guía de viaje.
Guarda la lista y corrígela
Marca cada cosa cuando entra en la maleta, no cuando te acuerdas de ella: una lista marcada de memoria es una lista de intenciones. Y al volver, dedícale dos minutos mientras deshaces la maleta. Tacha lo que no usaste y añade lo que tuviste que comprar allí. La próxima lista empieza desde un sitio mejor, y después de dos o tres viajes conocerás tus costumbres mejor que cualquier plantilla.
Traveley prepara una lista así a partir del viaje que te ha planificado, en su sección Tu maleta: cada sugerencia unida al día que la necesita, ordenada según dónde va, con espacio para añadir lo tuyo e ir marcándolo. Con Pro, además, tiene en cuenta el tiempo en tu destino. En cualquier caso, es un punto de partida para comprobarlo contra tu propia maleta, no un sustituto.
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