Viajar en grupo

Cómo dividir los gastos de un viaje entre amigos sin discutir

Hacer las cuentas es lo fácil. Lo que evita la discusión: reglas antes de salir, cada gasto apuntado al pagarlo y un solo ajuste al final.

Hacer las cuentas es lo fácil. Lo que evita la discusión: reglas antes de salir, cada gasto apuntado al pagarlo y un solo ajuste al final.

Foto: Dan Gold danielcgold · Wikimedia Commons · CC0

Dividir los gastos de un viaje entre amigos rara vez sale mal porque alguien haga trampa. Sale mal porque cuatro personas tenían cuatro ideas distintas de qué era común, y nadie se dio cuenta hasta la última noche, con un montón de tiques encima de la mesa. Las cuentas son fáciles. Lo difícil es ponerse de acuerdo en qué se suma.

Casi todas las discusiones de dinero en un viaje son sobre reglas que nadie acordó, no sobre números que alguien sumó mal.

Acordad las reglas antes del primer pago

Diez minutos antes de salir ahorran una hora al final. No hace falta un contrato, solo respuestas a las cinco preguntas con las que todo grupo se acaba encontrando:

  • ¿Qué es común? Normalmente el alojamiento, el coche o los traslados, la compra del súper y las comidas que se hacen juntos. Normalmente no los recuerdos, las compras ni el café que te tomaste solo.
  • ¿La bebida se reparte como la comida? Si alguien no bebe, una cena con tres botellas de vino no es una cuenta a partes iguales.
  • ¿Una pareja cuenta como uno o como dos? Como dos, casi siempre, salvo que la pareja diga lo contrario.
  • ¿Y quien llega un día tarde o se va antes? Paga las noches y las comidas en las que estuvo.
  • ¿Cuándo se ajustan cuentas? Al final, o a mitad si el viaje es largo. Poned una fecha.

Apuntad las respuestas donde todos puedan verlas. No se trata de ser estrictos. Se trata de que la conversación incómoda ocurra una vez, con calma, y no cada noche delante de una cuenta.

Tres formas de dividir los gastos de un viaje entre amigos

Cualquier método que use un grupo es una versión de uno de estos tres, y cada uno encaja con un tipo de viaje.

  • Cada uno paga lo suyo. Sencillo en un viaje corto donde se comparte poco, o cuando los presupuestos son muy distintos. Se rompe en cuanto alquiláis juntos un piso o un coche, porque alguien tiene que pagarlo entero.
  • Un bote común. Todos ponen la misma cantidad en un fondo, en efectivo o en una tarjeta compartida, y los gastos comunes salen de ahí. Funciona bien para el súper, los taxis y las rondas de cafés. Se atasca con las facturas grandes reservadas semanas antes y con todo aquello en lo que solo participó medio grupo.
  • Paga quien esté en la caja y se apunta todo. Cada gasto se anota con quién pagó y para quién era, y los saldos se calculan al final. Es el único método que aguanta repartos desiguales, gente que llega y se va, y un piso pagado con una sola tarjeta.

Muchos grupos los mezclan: un bote pequeño para cafés y billetes de autobús y la lista para todo lo demás. Lo que no funciona es no tener ningún método, que en la práctica significa que paga siempre quien tiene la tarjeta más generosa y luego le da apuro reclamarlo.

No todo se reparte a partes iguales

Las partes iguales son la opción por defecto porque son rápidas. Pero algunos gastos traen su propia regla, y usarla es más justo que repartir igual y más rápido que discutir:

  • Alojamiento: por noches. Quien estuvo tres de cinco noches paga tres quintos de una parte. Si una habitación es claramente mejor, pactad la diferencia antes de reservar, no después.
  • Gasolina y peajes: entre quienes iban en ese coche, no entre todo el grupo.
  • Actividades: solo entre quienes fueron. La excursión que hicisteis dos no es un gasto del grupo.
  • Restaurantes: a partes iguales por defecto, con importes exactos cuando un pedido es muy distinto del resto.

La prueba para cada gasto es una sola pregunta: ¿para quién era? Apunta la respuesta junto al importe y lo justo sale casi solo.

Apunta cada gasto en el momento de pagarlo

Un gasto anotado en la mesa cuesta diez segundos. El mismo gasto reconstruido tres días después desde la app del banco, en otra moneda y con un recuerdo vago de quién pidió el entrante, cuesta diez minutos y abre una discusión. Cada línea necesita cuatro cosas:

  • qué fue;
  • cuánto costó;
  • quién pagó;
  • para quién era, y en qué proporción.

Puede llevar la lista una sola persona, pero funciona mejor si todos añaden, porque quien pagó es quien recuerda el importe. Incluye también lo que se pagó antes del viaje. El piso que un amigo reservó en primavera suele ser la línea más grande de todas, y la más fácil de olvidar.

Un ejemplo con números: catorce deudas, tres pagos

Cuatro amigos, un fin de semana largo. Ana reservó el piso por 600 €. Ben pagó el coche de alquiler, 200 €, y la compra grande del súper, 160 €. Carla pagó una cena, 120 €. Dani pagó 90 € por una excursión en barco a la que fueron Ana, Ben y Dani, y Carla no.

Gasto a gasto, eso son catorce deudas sueltas: tres personas deben a Ana por el piso, tres deben a Ben por el coche y otras tres por la compra, tres deben a Carla por la cena y dos deben a Dani por el barco. Algunas van en las dos direcciones: Ana le debe a Ben y Ben le debe a Ana. Saldarlas una a una son catorce transferencias.

Trabaja con saldos. Los gastos comunes suman 1.080 €, es decir, 270 € por cabeza, más 30 € para cada uno de los tres que fueron en barco. A cada persona réstale su parte de lo que pagó:

  • Ana pagó 600 € y su parte es de 300 €: recupera 300 €.
  • Ben pagó 360 € y su parte es de 300 €: recupera 60 €.
  • Carla pagó 120 € y su parte es de 270 €: debe 150 €.
  • Dani pagó 90 € y su parte es de 300 €: debe 210 €.

Los saldos suman cero, que es la comprobación de que no se ha perdido nada. Ahora empareja la deuda más grande con el saldo a favor más grande, y repite: Dani paga 210 € a Ana, Carla paga 90 € a Ana y Carla paga 60 € a Ben. Tres transferencias en lugar de catorce, y todos en paz. Hecho así, un grupo nunca necesita más transferencias que personas tiene, menos una.

Este es también el paso en el que una calculadora gana a una libreta, porque una línea olvidada cambia todos los saldos. Traveley lleva esas cuentas dentro del propio viaje: cada persona de un viaje compartido apunta lo que pagó y para quién, a partes iguales o con importes exactos, entre hasta veinte personas, incluidos los amigos que nunca instalaron la app, y la app calcula los saldos y los pagos para quedar en paz. Viene con la suscripción Pro de quien creó el viaje; nadie más del grupo la necesita.

Una sola moneda para las cuentas del grupo

Un viaje al extranjero mezcla monedas: el piso pagado desde casa, las cenas en la moneda local. Elegid una sola moneda para las cuentas del grupo antes del primer apunte y convertid a ella al anotar, con lo que de verdad salió de la cuenta de quien pagó, si se sabe. Cambiar a mitad de viaje, o apuntar unas líneas en una moneda y otras en otra, es la forma de acabar con un saldo descuadrado por unos euros sin que nadie sepa explicar por qué.

Las comisiones por pagar con tarjeta en el extranjero se suelen tratar como gasto personal, igual que la elección del banco que las cobra. Y si lo que quieres es saber antes de salir cuánto le costará el viaje a cada uno, eso es otra tarea, la que explica cómo calcular el presupuesto de un viaje día a día. Dividir gastos va de lo que realmente se gastó.

Ajustad cuentas una vez y cerradlas

Ajustar cuentas cada noche parece ordenado y convierte cada cena en una sesión de contabilidad. Hacedlo una vez, en la fecha acordada, y como mucho en la semana siguiente a la vuelta: después la memoria falla y a quien le deben dinero empieza a darle apuro pedirlo. En un viaje largo, un ajuste a mitad mantiene las cantidades pequeñas.

Marcad cada transferencia como pagada en cuanto se haga, para que nadie pague dos veces, y cerrad las cuentas. Un grupo que sabe que los números saldrán limpios al final puede olvidarse del dinero durante el viaje, que es de lo que se trata.

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